¿La mala alimentación? ¡No! Los caros y malos alimentos
Algunos pocos se dieron cuenta de que el problema más grande de la crisis no iba a ser sólo un caos financiero, ni unos recortes salariales que no permitieron los caprichos y pequeños lujos de los ciudadanos de clase media. Sino que iba a llegar a nuestro punto más importante, la alimentación.
Las políticas económicas se dirigen a una apuesta por el dinero, por las finanzas, que si bonos del Estado, que si rentas por aquí, que si ayudas a los bancos... Pero el sector primario (en concreto el de la agricultura,ganadería y pesca) cada vez tiene menos ayudas que permiten, ya no querer, sino poder trabajar en el campo. Tenemos la suerte de vivir en un país con tierras muy fértiles y gran variedad de ellas. Tenemos la suerte de tener una gran tradición agrícola, allá con los fenicios y cientos de pueblos, cuya riqueza se basaba en los alimentos. Ahora parece ser que es algo secundario, un aspecto de nuestra vida pasado a segundo plano,o incluso un tercero.
El precio de ciertos alimentos ha pasado la frontera de lo imaginable, para situarse muy por encima de muchos objetos de nuestra vida diaria, que no son en absoluto necesarios. Hacer la compra cada día es más caro y está llegando a unos límites que no podrán soportar muchas familias.
Lo vergonzoso de todo ello, y tema principal de este corto artículo, es la mala calidad de los alimentos que compramos. La frescura brilla por su ausencia, así como la calidad de lo que comemos. Los transgénicos por aquí, y lo "ilegal" por allá completan este empeoramiento. Nuestras naranjas no saben a naranjas, no ya sólo por la conservación en las cámaras (o en algunos casos la inmadurez de muchos de ellos), sino por un relleno artificial que parece existir. ¿Cómo es posible que la fruta tan dulce sólo sepa a agua, y ni siquiera a esa fruta?
Aunque la cuestión no sólo queda aquí. El ejemplo que ha salido en nuestros días a relucir ha sido el de la leche. La leche ya no sabe a leche, ya no tiene ese sabor. Ni tampoco ese contenido consistente. Es como si la diluyeran (como se hace en algunos casos con el alcohol) con agua, o sin el como. Esto ya lo insinuaron unos ganaderos en una entrevista, diciendo que les pagaban a ellos el mismo precio a lo que lo vendían. ¿Acaso los intermediarios no obtienen nada? ¿O acaso se está produciendo el "milagro" de la multiplicación de la leche? Huele a estafa.
0 comentarios